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MENSAJE DE PASCUA. Resucitar con Cristo en tiempos difíciles

Con nuestros deseos de Resurrección desde lo más hondo, allí donde también anidan el dolor y la incertidumbre. Un abrazo especial de Pascua de Resurrección.
Victor y Carmen

MENSAJE DE PASCUA DEL OBISPO DE MÁLAGA, MONS. JESÚS CATALÁ

Hemos vivido este año una Cuaresma especial con motivo de la pandemia del coronavirus, que ha trastocado nuestros hábitos cotidianos, nuestra vida laboral y social, y nos ha impedido celebrar de manera comunitaria la liturgia de la Semana Santa.Pero, como dice santa Teresa de Jesús, no debe turbarnos ninguna dificultad: “Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa; Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene, nada le falta; sólo Dios basta».

Esta difícil situación nos ha obligado a parar las actividades que nos ocupaban la mayor parte del tiempo y nos ha ayudado a centrar nuestra vida en lo esencial, a dirigir nuestra mirada a Dios, como fundamento de nuestra existencia. Mientras la pandemia se extendía, las calles estaban desiertas y la humanidad afligida y desolada, el Señor seguía cuidándonos, amándonos, renovándonos por dentro; es decir, resucitándonos. Estamos llamados a vivir su amor por toda la eternidad y eso es resucitar y disfrutar de la felicidad verdadera. Dios no ha dejado de cumplir su Palabra: nos ha ofrecido su perdón, su amor, su misericordia; y ahora nos invita a resucitar con su Hijo Jesucristo.Este tiempo de prueba y de sufrimiento, aunque difícil de vivir, ha sido una buena enseñanza para nosotros. Dios nos ama por encima de las circunstancias de la vida: en las alegrías y las penas, en tiempos de bonanza y de penuria, en la salud y en la enfermedad.Os deseo una Feliz Pascua de Resurrección

La Pascua, renacimiento a la vida nueva

Mensaje del Obispo, Mons. Jesús Catalá, con motivo de la Pascua de Resurrección.

El Reino de Dios está presente ya en este mundo y se desarrolla de maneras diversas en el corazón de los creyentes. El Señor Jesús lo compara a una semilla pequeña que llega a convertirse en un gran árbol (cf. Mt 13,31-32).

Dios sembró en nosotros la semilla de la inmortalidad al recibir las aguas bautismales; infundió en nuestro espíritu la vida eterna. Esta realidad inicial va creciendo en nuestro interior hasta desarrollarse de manera plena al término de nuestra vida temporal.

Cada Pascua es una nueva resurrección, un renacimiento a la vida eterna, un crecimiento espiritual, una presencia sanante de la gracia, un resurgir a la nueva vida. A la Pascua de primavera la llamamos “Pascua florida”, porque la vida del Espíritu florece de nuevo en lo más hondo de nuestro ser.

Como dice el papa Francisco: «La Resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la Resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen
de esa marcha de la esperanza viva!» (Evangelii gaudium, 278).

¡Vivamos la alegría de haber resucitado con Cristo! ¡Dejemos que renazca en nuestros corazones la vida de Cristo!