“…a la huella, a la huella. José y María. Con un Dios escondido, nadie sabía”
(Villancico popular argentino)
El Señor Gamaliel se afana en pintar su posada y sacar de la bodega todo aquello que se parezca a una cama o a un catre. La autoridad ha ordenado que todas las personas se empadronen en la ciudad donde han nacido sus antepasados. Se frota las manos porque Belén es una de esas ciudades. Se llenará de gente.
Las caravanas se acercan a la ciudad. Todos protestan y gritan contra la autoridad porque les ha obligado a salir de sus casas y caminar muchos días. El trasiego de gente es asfixiante. El señor Gamaliel no admite a cualquier persona. Él solo recibirá a los forasteros con dinero.



