CARLOS SERRA

Voladura programada de la escuela concertada, eliminación de la asignatura de Religión Católica y creación de una nueva asignatura de Valores Cívicos. Tienen aquí el nuevo/trasnochado programa educativo del nuevo/trasnochado gobierno progresista. No son meras medidas cosméticas sino perenne ropaje ideológico al obstinado y patológico servicio de la violación de las libertades individuales.

A la asignatura de Religión Católica no se le perdona que pueda constituir una alternativa al monopolio de los valores que la megalómana partitocracia pretende construir para alumbrar la utopía del perfecto ciudadano, obediente sólo a consignas parroquiales de partido.

A la escuela concertada no se le perdona que pueda poseer un ideario distinto al del Estado y que se financie con dinero público, obviando que este modelo de educación ahorra dinero al Estado, supone la opción educativa de un 25% de la población escolar y, para colmo, obtiene mejores resultados académicos que la onerosa oferta pública.

Programado el desahucio de los escollos anteriores y adocenadas las conciencias escolares tras décadas de facilismo académico y fomento de la esterilización intelectual, irrumpe la nueva asignatura de Valores Cívicos que, en la línea de Educación para la Ciudadanía de la ex ministra Cabrera y Valores Éticos del ex ministro Wert, pretende consolidar la cárcel verbal de la corrección política a través del monopolio semántico de conceptos clave para la construcción de juicios de valor y, por tanto, para la asimilación de nociones morales fundamentales que estructurarán una determinada visión del mundo.

La táctica de servidumbre mental a través de la escuela funciona en paralelo a la que desarrollan los medios de información (no de comunicación) con sus consumidores: sustituir la producción de información por la generación de opinión. Grandes titulares, más propios del mundo del cine y del espectáculo que de la prensa seria y solvente, orientan a una opinión pública a la que no se le ofrecen textos de calado intelectual sino breves octavillas promocionales de consumo rápido, sin estridencias introspectivas que puedan anular los programados automatismos plebiscitarios.

Su correlato en el aula es la sustitución de textos clásicos o técnicos de considerable dificultad por anodinos artículos de opinión, preferentemente periodísticos, dando pie a falsos debates y a simulacros de lección.

Este es el contexto de Valores Cívicos, donde los clichés de laboratorio sustituirán cualquier reflexión seria sobre nuestra democracia y sus falsos mecanismos de separación de poderes.

Fuente: elmundo.es