• Las diócesis de Andalucía defiende que la situación de los profesores sin carga lectiva “ha sido provocada por la decisión del equipo directivo” de reducir el horario de Religión
  • La Consejería de Educación ha recibido “quejas” de directores que denuncian “acoso” y “presiones” de familias para que aumentaran la clase de Religión a sus hijos en la escuela pública

Los obispos andaluces ganan más peso dentro de la Conferencia Episcopal.

La situación de los maestros de Religión sin carga horaria lectiva desde 2015, con el consiguiente “perjuicio a las arcas públicas”, tiene una responsabilidad compartida por tres instituciones: el Ministerio de Educación, la Consejería de Educación del Gobierno andaluz y la Iglesia. El Ministerio es quien firma el contrato de estos docentes y el que lleva tres años pagándoles a sabiendas de que no tienen funciones atribuidas; la Consejería es quien les ha renovado año tras año la plaza en los mismos colegios, a pesar de que éstos habían comunicado previamente por escrito que habían reducido a la mitad el horario de Religión y, por tanto, sobraban maestros de la asignatura. La tercera pata de esta historia es la Conferencia Episcopal, que desde 1979 tiene suscrito con el Estado el que probablemente sea el contrato laboral más blindado del país. 

El Obispado es quien selecciona a los maestros de Religión que trabajan en la escuela pública española, según unos “requisitos de idoneidad” que nada tienen que ver con los criterios de acceso a la función pública que obligan al resto de profesores (aprobar unas oposiciones). Por ejemplo, estar bautizado y “destacar por una recta doctrina y por un testimonio de vida cristiana”. Las normas generales las establece la Conferencia Episcopal, pero es el obispo quien “vigila” el comportamiento de estos maestros en cada diócesis, y quien puede destituirlos “por razones de religión o moral”.

Las Archidiócesis de Andalucía no han generado esta “surrealista” situación, en la que docenas de maestros de Religión acuden regularmente a sus escuelas desde hace tres años y permanecen sus horas de contrato “de brazos cruzados en la Sala de Profesores, sin hacer nada y cobrando su salario“. No son responsables directos, pero en estos años han recibido “una montaña de quejas” de los afectados: tanto de los maestros de Religión sin carga horaria, “que no sabían muy bien qué debían hacer”, como de los directores de algunos colegios públicos. 

Cartas al obispado

Estos últimos, viendo que sus denuncias ante la Inspección Educativa y ante sus Delegaciones Provinciales de Educación no eran atendidas, optaron por dirigirse directamente a la diócesis de su zona para denunciar la situación que llevaba dándose en su escuela desde 2015. Este periódico ha tenido acceso a algunas de estas misivas que los colegios públicos enviaron al obispo de su provincia, y la respuesta escrita que éste les dio. En todos los casos, el delegado episcopal de zona recuerda que la relación contractual de los maestros de Religión compete al Ministerio, no a ellos. Pero añaden que el culpable de la situación es el propio equipo directivo del centro que, acogiéndose a una orden de la Consejería de Educación, han elegido “unilateralmente” recortar el horario de Religión. 

El director del colegio Maestro Juan González, de Los Barrios (Cádiz), fue uno de los que decidió escribir directamente a la Diócesis de Cádiz a finales del curso pasado, cuando la maestra de Religión sin carga horaria de su escuela estaba a punto de ser renovada por tercer año consecutivo. En una carta dirigida a la Secretaría de Enseñanza del Obispado de Cádiz, fechada el pasado 19 de junio, el director explica que “desde el 1 de septiembre de 2015 la maestra de religión Doña … que no tiene carga horaria ninguna en este colegio se encuentra sentada en la Sala de Profesorado”. “En ocasiones los compañeros le han pedido ayuda para cualquier actividad e incluso se le ha invitado a participar en actividades de refuerzo para que no desaproveche las mañanas. Las respuestas de la maestra van siempre en la misma línea: “Este año tengo que preparar mi boda” dedicándose a hacer los detallitos en el colegio; o “Este año voy a preparar las oposiciones”, dice la misiva. 

Una semana después, el 28 de junio, el mismo director escribió una segunda misiva, pero esta vez se la envió directamente a la Delegada Episcopal en Cádiz, Pilar Macarro. Esta vez, con un tono más duro, denuncia que “”la maestra de Religión que no tiene carga horaria ninguna en este colegio incumple constantemente el horario de obligada permanencia en el centro”, extremo que también compete directamente a la Inspección Educativa de la Junta. Y continúa: “Ella argumenta que cambia horas por una formación que no es necesidad del centro si no suya personal. Además no avisa al director, responsable de los horarios, ni a nadie del equipo directivo”. El director recuerda que es el tercer año seguido que se enfrenta al mismo problema, que ya ha puesto en conocimiento “de todas las administraciones implicadas”, y que la falta de respuesta “genera mucho malestar en la comunidad educativa”. “Le comunico que el equipo directivo no insta a nadie a incumplir su horario y menos a estar en un centro educativo de brazos cruzados. Para nada ha generado esta situación que no sólo se produce en este centro si no en muchos otros”, termina.

La Delegada de Enseñanza del Obispado de Cádiz respondió una semana después con tres párrafos breves, desvinculándose de toda responsabilidad. “El profesorado de Religión de Infantil y Primaria mantiene su relación contractual directamente con el Ministerio y no corresponde la modificación de la situación laboral a esta Delegación, cuya competencia es indicar que el profesorado cumple los requisitos de idoneidad para ser propuestos. Requisito que cumple la profesora de la que expone el caso”, explica la carta. Además, Macarro culpa directamente al colegio de la situación, por haber rebajado al mínimo el horario de Religión. “La situación concreta de esta profesora ha sido provocada por la decisión del equipo directivo en aplicación de las opciones dadas por la Consejería de Educación”, sentencia.

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El ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo. EFE

Conflicto padres, madres y docentes

 A principios de 2015, la Junta de Andalucía adaptó el currículum de Primaria a la LOMCE, la nueva ley educativa del Gobierno del PP, con la que no estaba de acuerdo. Entonces y ahora la consideraba segregadora y regresiva. Para paliar sus efectos, una de las decisiones más polémicas que se adoptó fue reducir al mínimo legal posible la carga lectiva de Religión, que pasó de 90 a 45 minutos. Pero la Consejería dejó en manos de los colegios esa decisión.

Los obispos de Andalucía recurrieron esa orden en los tribunales, pidieron la suspensión cautelar, pero no lo lograron (aún está pendiente de sentencia). En junio de 2015, los claustros de profesores de todos los colegios de Andalucía, como cada año, se reunieron para organizar el curso siguiente, y muchos de ellos -la Junta se niega a facilitar este dato- optaron por recortar a la mitad el horario de Religión para reforzar otras áreas más importantes (Lengua, Matemáticas, Inglés…). 

La decisión se tomó “por razones pedagógicas”, pero no en todas las escuelas se entendió así. En algunos centros se generó un conflicto entre el profesorado y los padres y madres de alumnos que exigían mantener los 90 minutos de Religión para sus hijos. Además, en junio de 2015 ya se preveía que la reducción horaria de esta asignatura podría suponer “el despido de cientos de maestros” que se quedaban sin carga horaria, cosa que nunca ocurrió porque la mayoría fueron renovados. Pero los sindicatos que respaldan a este colectivo, como Anpe, acusó a la Junta de “humillar” a estos docentes, “dejándoles de brazos cruzados en sus escuelas sin asignarles ninguna tarea”. 

En la enseñanza pública, muchos de los problemas más difíciles de lidiar surgen cuando las prioridades de los padres para sus hijos no conectan con los criterios profesionales de los maestros. El Gobierno de Susana Díaz, combativo con la LOMCE desde el principio, trata de mantener un perfil bajo en este conflicto, del que se sabe corresponsable. Fuentes de la Consejería de Educación reconocen la “gravedad” del problema, y admiten que las Inspecciones Educativas han recibido “quejas” de equipos directivos en todas las provincias denunciando “situaciones de acoso” por parte de las familias de sus alumnos, que les han presionado para que restituyeran el horario de Religión de sus hijos. La Junta no confirma si hay escuelas que hayan vuelto a reponer los 90 minutos semanales de Religión, después de haberlo rebajado.

“Discriminación a los interinos”

Uno de los aspectos menos aclarados de este asunto es qué funciones reales tienen los maestros de Religión en la escuela pública, que no aparecen en el convenio de la Consejería de Educación y las Diócesis de Andalucía de mayo de 1993. No obstante, existen unas instrucciones de la Viceconsejería del año 2000 que están “plenamente vigentes”, según los sindicatos. El horario completo de un maestro titular de esta asignatura es de 25 horas lectivas a la semana, más otras cinco de obligada permanencia en el centro, análogo al de cualquier interino. Las instrucciones de Viceconsejería dicen que, entre las funciones de los maestros de Religión, está el “vigilar el recreo”, pero sólo para aquellos que tengan su horario completo en un mismo centro. Hay muchos docentes de Religión con horario parcial, que reparten su jornada por distintas escuelas y, en teoría, estos no tienen por qué ocuparse de esta tarea.

Cuando los profesores de Religión se quedaron sin carga horaria lectiva, recurrieron a los obispos de su diócesis para saber qué hacer. Las instrucciones que les dieron, según coinciden varios testimonios, es que debían seguir asistiendo a clase, firmando en el parte de registro, y poniéndose “a disposición del centro”. Eso sí, “no pueden sustituir a profesores de otras materias si están de baja, no pueden impartir clases de otra asignatura ni dar clases de refuerzo ni vigilar a los alumnos durante el recreo”, explican fuentes próximas a los Obispos del Sur. Todas estas funciones, vetadas para los docentes de Religión, son desempeñadas por el resto de maestros. En cambio, si el profesor de Religión se pone enfermo y no asiste a clase, sus compañeros sí están obligados a cubrir su baja y hacerse cargo de sus alumnos. 

Esta “discriminación laboral entre maestros de la misma escuela”, como reconoce la propia Consejería, “se ha hecho más insostenible con la situación de los profesores de Religión que cobran sin trabajar”. La reducción del horario de esta asignatura en centros “de todas las provincias de Andalucía” dejó a docenas de maestros sin carga lectiva (la Junta no revela el número total de afectados). Sin embargo, no han perdido ni su trabajo ni su sueldo. “Cuando ha habido reducción horaria o supresión de líneas (cursos) en los colegios públicos debido a la pérdida de alumnos, la Consejería no ha renovado a muchos interinos, porque no hacían falta. Es evidente que a los maestros de Religión se les está dando un trato privilegiado”, admiten fuentes próximas a la consejera Sonia Gaya.

La mayoría de maestros de Religión de Infantil y Primaria de Andalucía tiene un contrato laboral indefinido. El salario medio de un maestro titular es similar al de cualquier profesor de Primaria, en torno a 1.400 euros netos al mes, aunque muchos acumulan pluses por antigüedad (sexenios). Esto hace que despedir a un maestro de Religión en España tenga un coste muy elevado, admite el Ministerio, aunque rechaza hacer una estimación.

Fuente: eldiario.es